Bípedo sapiens Pequeño bípedo minúsculo polvo del universo ¿quién te dijo que eres más importante que las montañas y los ríos? ¿Quién te dijo que puedes acabar con el agua de los animales y los árboles? ¿Acaso piensas, bípedo mezquino, que por decirte hijo de dioses se justifica que destroces todo lo que hay en la Tierra? ¡No! solo eres un destello del tiempo un giro de la rueda tu estirpe no es superior a nada ni a la más pequeña partícula del pétalo de una flor ni a las tripas de un gato montés ¡No! Pequeño bípedo tu inteligencia se volvió puñal que corta la luz tu pulsión por construir arrasa con fuego la vida Pequeño bípedo sapiens ¡rompe tu vanidad de creerte hijo de dioses! que el mundo humano perecerá antes que los seres hijos de la tierra YMAM
Credo El gran espíritu que atraviesa invisible todo y en nada de este mundo humano queda atrapado, en ese Gran Espíritu creo. No es un dogma; es la certeza de que hay algo que está más allá de lo descrito, de lo descifrable. No es corruptible, no es codificable. Lo llamo Gran Espíritu para darle un nombre que no suena a cruz, espada y sangre, ni a humanos sacrificando corderos, temerosos y vanidosos, creyéndose los elegidos. Llamo Gran Espíritu a lo que es naturaleza, Madre Tierra, sol y estrellas lejanas. Le doy un nombre, un nombre que me agrada. Un nombre que no me suena a libro impuesto, sino a silencio sagrado. El Gran Espíritu es el gran indiferente. Nada le importa que lo adoren o en él crean; no tiene mandamientos, no tiene pecados, no tiene justos, no tiene sacrificados. Es Espíritu y, a la vez, montaña y río, pájaros, fieras, carne y sangre de gente por este mundo andando. Es tiempo infinito. No hay manera de dañarlo y no causa daño. No le sirven ni ángeles ni demonios,...