Credo El gran espíritu que atraviesa invisible todo y en nada de este mundo humano queda atrapado, en ese Gran Espíritu creo. No es un dogma; es la certeza de que hay algo que está más allá de lo descrito, de lo descifrable. No es corruptible, no es codificable. Lo llamo Gran Espíritu para darle un nombre que no suena a cruz, espada y sangre, ni a humanos sacrificando corderos, temerosos y vanidosos, creyéndose los elegidos. Llamo Gran Espíritu a lo que es naturaleza, Madre Tierra, sol y estrellas lejanas. Le doy un nombre, un nombre que me agrada. Un nombre que no me suena a libro impuesto, sino a silencio sagrado. El Gran Espíritu es el gran indiferente. Nada le importa que lo adoren o en él crean; no tiene mandamientos, no tiene pecados, no tiene justos, no tiene sacrificados. Es Espíritu y, a la vez, montaña y río, pájaros, fieras, carne y sangre de gente por este mundo andando. Es tiempo infinito. No hay manera de dañarlo y no causa daño. No le sirven ni ángeles ni demonios,...
Lo que me es querido se volverá viento se volverá suspiro se volverá silencio Y el azul del cielo tendrá astros nuevos Se borrarán los Caminos se apagarán los fuegos Ya no habrá memoria ya no habrá recuerdos ni palabras conocidas podrán nombrar el mundo Lo que me es querido y que yo tanto quiero no hemos sido nunca y nunca seremos YMAM