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Sobre Un poeta

Por fin vi la película Un poeta, más allá de si considero si es o no una buena película, me conecta más con mi vivencia propia, yo como el personaje hago el viaje de sentirme poeta, mi obsesión  no es con Silva, la  mía  es con Pessoa; mi amado Pessoa, que amo más allá de sus letras, lo amo en su devenir humano, Pessoa es el poema que vivió y murió, es la encarnación de ese espíritu del poema,  Pessoa que el mundo aplaude después de muerto, pero que si viviera en este mundo contemporáneo en la que ya no existen los poetas, caería  tarde que temprano en garras de la salud mental.

No fue Pessoa el atormentado Silva, aristócrata trágico, que escribió su último poema con una bala en el corazón, no,  Pessoa murió como muere un empleado de una oficina,  en un hospital  porque así vivió sus días, trabajando en una oficina,  sus noches eran al parecer  otras cosa, era el insomnio  que le permitió crear el más esquicito de los delirios, los heterónomos, todos poetas, todos dicientes, todos con una sola carne pero con su propio espíritu.

Como el personaje yo me creo poeta y como el personaje he escrito libros de poemas que no han tenido ningún éxito, de ello es testigo mi cuarto de San Alejo, repleto de cajas llenas de estos, no soy borracha, pero sí fui bohemia, lancé mi primer libro en una sala de cine y mi segundo y tercero en la Casa de poesía Silva.

Danza de  sobra, que así se llama el segundo libro, contó con la asistencia de mis estudiantes de creación literaria, de los talleres de literatura de Jóvenes tejedores de sociedad, y todos prendieron una vela, y leyeron mis poemas, día dichos ese. Después nos fuimos, cómo  no,  a la tienda de Homero,    personaje este que era en sí mismo un personaje literario, a seguir leyendo poesía y tomar  cerveza.

Esa era mi vida, esa vida de poeta feliz de tener un trabajo donde lo que hacía era compartir con jóvenes hombres y mujeres de barrios populares, todos ellos amantes de la literatura y la poesía, los bichos raros, mientras los otros talleres tenían 40, 50 asistentes, mis solitarios escritores, no sumamos nunca más de 18, eso por mucho, por dar una cifra…

Y ahí va lo otro que me conecta con la película Un poeta… Yo también andaba en el círculo de los poetas de Bogotá, esos perfumados perfeccionistas de la palabra que enseñaban a escribir poesía, que me consideraban pésima poeta,  se emborrachaban y tenían un círculo de jóvenes que querían beber su saber, yo también como Oscar (el personaje poeta) también creía que los que eran malos poetas eran ellos, artificiales y vanidosos, yo también quise que me dieran trabajo en la Casa de poesía y sobre todo, yo también me deslumbre por mis estudiantes y veía en alguno de ellos el potencial para ser grandes escritores, yo también le metí la ficha a algunos, yo también creí y ahora vuelvo a creer que el arte salva, pero como Oscar, no como el profesor oficial que convierte las condiciones sociales en el enganche al corazón de los donantes.

La poesía salva, la literatura salva,  más allá de la movilidad social, salva porque entiende el espíritu humano en sus horrores  y dolor, es una salvación no redentora, es una salvación en la creación, en la experiencia, en el gusto por la palabra.

Aún sigo creyendo y así lo digo de cuando en cuando recordándolos,  que  algunos de los  que fueron mis estudiantes de creación literaria,  podrían haber sido  famosos  escritores,  lo que yo no he sido;   ahora, muchos de ellos son artistas, otros  son profesores,  también hay algunos que en verdad querían y así está bien, una vida simple, una vida en la que la poesía no sea tormenta, que sea algo que hacemos para desahogar el alma.

Mis estudiantes de creación literaria, los bichos raros de los barrios, los que se iban al Luis Ángel a sacar libros, a los conciertos gratis, a los otros talleres,  ellos, con los que compartí mucha cerveza,  mucho vino, mucha música, muchas películas, algunos viajes, ,mucha risa, mucha vida, porque sucede que es que los que nos creemos poetas tenemos eso, ese instinto contra sistema, ese instinto de que hay algo, algo, algo que se intenta decir con la palabra, con el arte, con dibujos en un cuaderno, ese algo que no se apaga así terminemos no pegándonos el tiro en el corazón como Silva, o de un cólico biliar como Pessoa.

La película acaba ahí, con un poeta llorando la muerte de su madre, la película no acabó ahí, por ahí anda uno que otro, otra  poeta


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