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EL AFECTO DEL GUERRERO
EL ANHELO DE LA LIBERTAD TOTAL
 


EL AFECTO DEL GUERRERO
EL ANHELO DE LA LIBERTAD TOTAL

 

Tal vez pocas palabras son tan susceptibles de error en su vivencia como la palabra amor. Amor llamamos a tantos y tan variados   estados del ser, momentos, sueños y pesadillas. Amor llamamos al apego, a la necesidad, a la obsesión…llamamos amor a nuestro ego maquillado   y aún en ocasiones podemos llamar amor al dolor, la ira, los celos….en fin…buscar el amor es la obsesión más generalizada, más justificada, la herida compartida, la mayor de las necesidades y carencias de aquí y allá.

Y sí, es el amor un ruta de camino digna del intento de todo ser… mas ¿cómo buscar con sentido un algo, una palabra, un accionar tan confundido en el naufragio de la vida? Siendo tan difícil buscar desde la palabra amor, se podría mutar el término por el de afecto. El amor y el afecto, son sentires y el sentir es una acción, pone en movimiento las palabras, amor y afecto se sienten hacia algo o  por  algo.

Y sin embargo sigue estando enmascarado  por un sinnúmero de errores y heridas…Ahora brincado al otro lado del abismo, porque  desde esta playa nada se puede ver  por más que se alumbre este hueco de lo aprendido como amor y afecto,  porque  pareciera que es justamente  lo aprendido lo que hace que nada se encuentre. Lo estructurado sobre el amor hace que este se escape, así que es desaprender y aprender de otra manera a SENTIR, lo que puede hacer puente para encontrar  en el  amor y el afecto, no la cadena más consentida, sino las alas de la libertad.
Brincar a la playa  donde el amor es otra cosa… este es un tesoro señalado, nos dijeron cómo es… el amor, el afecto del guerrero… el tesoro solo se encuentra cuando se vive, por eso nada más que mostrárnoslo pudieron… El amor del guerrero…
 Es un afecto, nos dicen, de “cheque en blanco”, ¿incondicional acaso? Sin embargo no es una incondicionalidad de ciegos enamorados, de mendigos necesitados, pues a la vez es un amor sin lástima,  un cheque en blanco que no permite ser  llenado con  reflejos, ni autoreflejos, ni dormir sobre la complacencia de “quiéreme como soy”, “te quiero como eres”. Es más bien un afecto lleno de batallas, por buscar un ser libre, total, luminoso, es un afecto, sin trámites comerciales, que no cobra y no  paga, no  necesita y no usa. Es un afecto que da y se da, un afecto sin contratos eternos, pues  el afecto se hace sentir y el sentir es fluido, inteligente, lee señales, encuentra caminos, solo posee el instante del sentir y la eternidad del infinito.
 Así pareciera que buscar encarnar este afecto de guerrero es una batalla por ser de otra forma, o ser sin forma…. Sentir como siente un guerrero hace al guerrero. Y es que sentir es la libertad de la percepción, ser capaz de sentir inteligentemente hace que se expanda la consciencia, poder tocar con el ser el  universo  aquí y allá. No se puede aprender a percibir de otra manera o a percibir más, sin a la vez ser más sensibles.
 EL AFECTO POR SI MISMO
 Con miles de heridas se carga el ser… en el afecto, en el sentir, en el pensar, en el hacer. Nacemos como seres completos, luminosidades prestas a recorrer el camino de experiencia vital, seres totales  con la parte física y energética, verdaderos aventureros. Tal vez cuando nacemos ya tenemos equipaje, vestidos con historias genéticas, con percepciones prenatales, con historia familiar y quien sabe en ese misterio que es la existencia con qué otro ropaje  llegamos cubiertos. Y aun así, somos brillo e inocencia. Pero el camino nos da más trajes para cargar,  creando el depósito oscuro del “yo soy”, la personalidad. Así el  afecto inicial se vuelve una  maraña que hay que  defender,  poseer,   enmascarar,  para preservar a toda costa  lo   aprendido como “es mío”, “soy así”, “es así”. Límites tomados para no naufragar, para mantenerse en pie en el camino, sin importar que camino y que circunstancias hay en él.
 Y el afecto de verse a sí mismo como una expresión de la maravilla existencial, del amanecer del tiempo, esa completes, se fracciona, se atomiza, casi se podría decir que se estalla  y en con ella se estalla también la unidad del ser que experimenta, del ser que hace conciencia. De toda esa totalidad sensible no  queda más que una herida profunda, un desgaste, un lamento que exhibimos como miedo, como rabia, como incapacidad,   el anhelo de ser, de volver a ser totales  se trasforma en   un “yo” que se reafirma con violencia para  sobre vivir como sea y para lo que sea. El afecto por ese  que es mi SER, se convierte en  una cadena de mal entendidos, de abismos totales. Nos hacemos heridos en el amor, nos conformamos enemistados con nosotros mismos…Imposibles sentirnos como seres completos, como seres bello.
  
La primera batalla por  el afecto, es la batalla por el amor a sí mismo. Los guerreros, nos han dicho, que no estamos condenados, que el Gran  Espíritu nos dejó un legado y parte de ese legado dice que podemos volver a ser completos, luminosos, creativos. La primera batalla nos pone  frente a la vida como la hemos vivido, de la herida, de ese dolor que quema en silencio y que nos hace gritar, que nos lleva a errar, que nos limita a lo aprendido y para dar esta primera batalla  nos dan un regalo: “entonces fue entonces”
  
Por eso el afecto del guerrero por sí mismo, no justifica nada en lo vivido y aprendido, porque sabe que no estamos  condenados, que siempre puede haber un desde hoy. El afecto del guerrero ataca todo lo mal aprendido sin apego, sin auto complacencia, pero a  la vez sin ira. . El afecto del guerrero se auto invita a volver, limpia la casa para que esa parte que se alejó vuelva y se quede. Tal vez, la parte que se va es la parte sensible, es la que se maravilla, tal vez se va porque no soporta el ruido de la agresión. El afecto del guerrero aprende a no auto agredirse y aprende a tratarse como un convaleciente que está  en proceso de curación, aprende que el amor así mismo está hecho de un cuidado permanente y sobre todo, el afecto del guerrero sabe que lo que se ataca es la herida, no al herido. Por eso el guerrero se ama así mismo con totalidad, sabe que debe hacer de sí  un ser luminoso, que debe dejar los ropajes, que todo con lo que se haya cargado no es su SER, que es tan solo la historia de vida y que esa historia sólo es valiosa si se hace conciencia, el afecto del guerrero por sí mismo se posee y se considera un viajero que experimenta el viaje,  agradece ser: ser cuerpo, ser energía, ser razón, ser Espíritu.

EL AMOR POR LA TIERRA
 El guerrero que se ama a sí mismo, ama a la vez la tierra en la que habita, ama con total pasión el espacio-tiempo donde experimenta el viaje de la conciencia. Sabe que esta tierra es un ser consciente que le acoge, le enseña, le nutre… por eso el guerrero mira con admiración y respeto los otros seres con los que hace el viaje…los árboles, los animales, las nubes, el agua, el fuego……el guerrero siente la compañía de los otros que son la tierra y entra en diálogo amoroso con ella, hace romance, corteja y seduce, se planta ante la tierra como un amante ansioso por conocer, por sentir a su amada. El guerrero corresponde a la bella generosidad de la tierra, con belleza y generosidad, se porta ante la maestra tierra como un discípulo aplicado. El guerrero sabe que la tierra es un misterio que sólo puede presenciar, navegar en él, experimentar en silencio. El afecto del guerrero  entabla una  relación total con la tierra  a través del sentir.

 EL AMOR POR LOS OTROS

 El guerrero que se ama a sí mismo y ama a la tierra, siente afecto por los otros, un afecto que nace de la certeza total de no necesitar y que por lo tanto no usa, un afecto que se da desde la libertad. El afecto del guerrero por los otros parte del principio de que ese otro enfrente es un misterio total, que es la maravilla de la expresión del Espíritu, que es otro ser haciendo el viaje y que por eso mismo no se puede atrapar en frontera alguna. El guerrero siente y da, no asalta al otro, ni lo despoja de nada, el guerrero comparte viajes, sueños, vivencias, momentos, el afecto del guerrero no invierte en el otro y por eso no mide sus relaciones por ganancias y pérdidas, el afecto del guerrero sabe que el otro está también en un viaje solitario, que también solo se tiene a sí mismos y por eso  desea que el otro  también sea libre.

EL AMOR POR EL CONOCIMIENTO

 El guerrero es un viajero que experimenta, que hace consciencia y sabe que en su camino hay muchos caminos, muchos conocimientos por adquirir. El guerrero sabe que en frente hay más, mucho más de lo que aprendió a ver y conocer. El mundo es un misterio para el guerrero, un misterio en el cual se sumerge con sus sentidos, que traduce con su razón y que testimonia desde su silencio. El guerrero  quiere ser un sabedor, no solo desde el instrumento de la razón, sino desde la totalidad de su conciencia. El guerrero sabe que en el camino del conocimiento hay cadenas que debe soltar, que el conocimiento da poder, que el conocimiento da claridad y sobre todo sabe que el conocimiento hace sentir que ya se llegó a puerto y que ese puerto ilusorio hace que se crezca en vanidad, en prepotencia, en orgullo. Por eso el guerrero trata al conocimiento como un infinito total y lo ama y su amor lo protege de quedarse en puerto alguno, sabe que los puertos son  para descansar, para experimentar  pero que siempre se debe seguir. El guerrero sabe que la aventura prosigue. Se sacude a sí mismo cada vez que cree  saber, no encierra el conocimiento en estructuras, porque su relación con la tierra le ha mostrado que la existencia es un fluido y  la experiencia de saber está en el fluido. El guerrero no defiende posiciones de saber, el guerrero sabe e intuye que el máximo acto de saber es la libertad de la percepción, acepta con humildad que el conocimiento es una relación, no una posesión, acepta con humildad que en realidad sólo es un caminante que desea la libertad pero de ésta nada sabe, salvo que su Espíritu la desea.

EL AFECTO DEL GUERRERO
 Es el afecto del guerrero el intento que puede llevar a la libertad, se ven  rastros aquí y allá, al  internarse en palabras, conceptos, sensaciones, al ver  los mitos del saber,   se puede presentir   que el afecto  es como la trama de la urdimbre del conocimiento… los caminos son los caminos de corazón….  Resuena con poderío  las pistas del camino: El  cuerpo energético,  la tierra, el romance con el conocimiento. Es clara la  diferencia en lo  configurado como el afecto del guerrero a lo que vivimos, tan diferente es que adquirir esa forma de sentir y ser, solo puede lanzarse  como un intento, rescatar de la  conciencia el camino hecho para volver a mirarlo desde  el afecto. El camino del guerrero tiene como base un afecto sin afectación, un afecto hecho de puro sentir, llegar a ese estado es bordear la libertad.

 Yuri Magnolia Arias Montenegro

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